Nos dirigimos hasta la estación de auto servicio mas cercana para comprar un paquete de cigarrillos negros. Bajamos por la calle Montevideo y en Posadas doblamos rumbo a la Avenida del Libertador. La noche era gélida, el frío se hacia sentir hasta los huesos, la humedad y los vientos del sur soplaban intensamente sobre la ciudad de Buenos Aires en pleno agosto, como era ya habitual.
Mi amigo y compañero de trabajo en el restaurante mexicano, Alejo, estaba extenuado y de un humor podrido. El lugar había estado a full esa noche. La “ Sociedad protectora de Famas en extinción” había decidido honrar a nuestro restaurante con su presencia, celebrando allí su clasicista y estúpida reunión anual, Alejo estuvo apunto de sufrir un ataque de urticaria al ver como esos dinosaurios de sociedad se pavoneaban por entre las mesas y bebían champaña comiendo tacos al pastor con cubiertos.
Le hice un cometario confuciano como para poder darle un sentido provechoso a esas 5 horas que acabábamos de ofrendar al Dios Nada. Le hice ver que con lo que habíamos recibido de propinas el podría costearse las próximas dos semanas en el conservatorio de música y además le quedaba cambio como para tomarnos un trago en algún bar de Palermo viejo.
-Alejo, pensa que hay gente que para ganarse lo que tu ganaste esta noche tiene que laburar dos semanas.
No me contesto nada, solo se concentro en acomodarse la bufanda tejida por su mame Szerman.
Cruzamos la calle Cerritos justo al frente de la galería Zurbaran, donde se exhibían los mamarrachos de algún pintor local de Recoleta que aunque carente de talento, seguro si contaba con muchos contactos en la sociedad nalga talqueada de esa ciudad.
Al ver semejantes garabatos Alejo no pudo evitar expresar su critica artística, por demás escueta: - “!Mierda!” – y sonrajo un escupitajo cual guanaco a la vidriera antes de volver a cruzar la calle.
Ya en la estación de Auto servicio un tachero se deleitaba bailando a ritmo de Cumbia villera , mientras cargaba gasoil a su herramienta de trabajo. La voz de las pibas chorras invadía la playa de estacionamiento de la estación de servicio. Unos metros antes de la puerta del mini-market, un pibe de la calle imploraba por una monedita a cuanta persona veía.
Mi amigo entro a comprar un paquete de “Parisienes” y un par de profilácticos, por si se presentaba la oportunidad de pescar al menos algún Bagre en algun bar de la calle Reconquista.
Yo decidí aguardar afuera observando al pibe limosnero de no mas de doce años como hacia jueguitos con una chapita de Coca-Cola. Una polaroid instantánea y fugaz de Maradona me paso por la mente. Me encontraba ensimismado en mis futboleras analogías, cuando de repente una Ferrari Testarosa se aparco justo al lado del surtidor de Nafta de alto octanaje. Como era de preverse el chico cara sucia largo la chapita y salió corriendo directo al encuentro del chofer de la ferrari que se aprestaba a bajar de ella.
Se abrió la portezuela y una música Tecno ensordecedora invadió el espacio, eclipsando por completo la cumbia del Taxista, que los miraba con una cara de enfado por de mas evidente. De el bólido bajaron Hulk y La Mole, dos tipos rubios de casi dos metros, enfundados en Armani y con lentes tan oscuros como la noche que se sucedía.
Desplegando un típico acento de concheto recien salido del Fonavi le dijo el conductor al empleado:
- “Boludoo, llenale tipo, tipo el tanque full de Nafta y guarda con mancharlo de grasa Boluu”.
Acto seguido lanzo las llaves con todo desprecio a un par de metros de el. El chico de la calle se acerco a las dos torres gemelas con su vasito de plástico, escaneando con la mirada la nave roja que tenia frente a el y dirigiéndose a uno de ellos le rogó:
-“Don, Don, ¿No me regala una monedita?”-
El tipo bajo la vista como dos kilómetros bajo su hombro y dijo:
- ¿Que queres pardo?...
El pibe contesto:
- “Una monedita don pa’ compra’me un pancho “.
- ¿Un que?… mira Boluu, !a la plata hay que ganársela, no limosnearla!
- ¿Te queres ganar 100 dólares? – Dijo Hulk mientras zarandeaba un verde de 100 frente a la cara del niño.
En ese momento salió mi paisano Alejo con los cigarrillos y un vasito con café, y se quedo mirando atentamente, al igual que yo, la escena que transcurría a 30 pasos nuestros. Hulk le repitió al pibe:
-¿Te queres ganar 100 dólares?
A lo cual el chico con una gran excitación contesto,
- ¿Quiere que le lave el auto?.
- !No! ...Tenes que tomarte la mitad de ese vasito que tenes en la mano, pero lleno de nafta.
Al escuchar esto, nosotros quedamos azorados del proceder burlón de semejante hijo de puta. Volteamos a ver a la Mole esperando que el intercediera por el chico y terminara con tan denigrante broma, a lo cual solo se concreto a reír socarronamente.
Al percatarse que éramos testigos de esto, nos lanzaron una mirada de... “!Vos no te metas, porque te reviento!” mientras sus ya de por si minúsculos cuellos desaparecieron al inflárseles el plexos y desplegar sus espaldas como si se tratase de pavoreales.
Alejo y yo sufrimos una especie de chiripiorca al sentirnos reducidos a hormigas.
Papel, que representamos de acuerdo a las expectativas de los dos ursos. Comenzamos a marchar muy ordenadamente de vuelta al hormiguero (drug-store) Una vez protegidos por el delgado vidrio que nos separaba de los energúmenos, decidimos continuar observando el desenlace de semejante drama urbano. Alejo haciendo como que leía la revista Cosmopolitan y yo como que investigaba los valores nutricionales de un paquete de doritos de cerdo mexicano con sabor a jalapeño.
Estábamos convencidos que la viveza criolla aprendida en la “lleca” por el pibe triunfaría por sobre la oligárquica crueldad de los trogloditas de la testarosa.
Hulk tomo el vaso de plástico y le arrebato el servidor al despachante y comenzó a llenarlo de nafta, lo cual hizo con todo cuidado para no manchar su traje Armani de 3 botones y solapa corta, color negro, obiuslii.
Una vez que hubo llenado el recipiente se lo entrego al pibe, el cual quedo con la mano derecha extendida, tomándolo, lo acerco hasta su pecho, bajo su cabeza para mirar el fondo, mientras sin duda analizaba la situación, con la mirada ansiosa de los goliats, el despachante, el taxista y obviamente nosotros, siguiendo cada uno de sus movimientos.
Ahí fue cuando Alejo se hecho a reír hilarantemente, como si sufriese una premonición de lo que estaba por ocurrir, yo gire mi cabeza noventa grados y le reclame:
-¿Que te pasa cabron, como te puedes estar riendo?”.
El apenas pudiendo controlar la risa me interpelo:
-¿Que no ves guey? Ja, ja, ja, el mocoso le va a tirar la nafta sobre el traje…ja, ja, ja.
Ambos viramos la cabeza para observar el desenlace, Alejo sonriendo, y yo, no se, expectante de que el chapulín colorado apareciese para beberse el fétido liquido en lugar del chico.
El pibe acerco el vaso hasta sus labios y frunciendo su nariz para evitar el nauseabundo olor…
….-“!Loco, no te puedo creer!!!!” grito Alejo.
- !Concha de la lora, Se lo esta empinando todito!…
Le pedí urgente al cajero que llamase a una ambulancia y salimos corriendo al encuentro del pibe que corría como poseído a grito pelado alrededor de la playa de estacionamiento, mientras los desalmados de la Mole y Hulk se desarmaban de la risa sobre el capo del auto del taxista.
No había manera de alcanzar a ese chico, corría con una velocidad descomunal, pienso que esa noche se implanto un nuevo record mundial de los 400 metros, mientras chillaba como bocina de coche de bomberos. Era algo realmente horrible y ensordecedor.
De repente disminuyo su velocidad y se desplomo cerca del surtidor de nafta, convulsionándose como Linda Blair en el exorcista. Un ruido de tos seca escapo de su garganta,... ¡¡Coff, coff !!! , mientras su aliento exhalaba el inequívoco olor del combustible. Sus ojos abiertos pero en blanco y el temblequeo como sonaja invadía su cuerpo.
Al llegar hasta el, Alejo le levanto la cabeza un poco, para evitar que se ahogase y golpease su cabeza contra el asfalto, mientras yo, urgía a alguien que pasaba por ahí para que me trajese una botella de leche. Pensé que inducir el vomito podría traer graves consecuencias para sus pulmones, lo mejor podría ser que la leche funcionara como aislante del mortal combustible. Era necesario suministrarle sendas cantidades del lácteo liquido, mientras llegaban los paramédicos.
El chico ceso de convulsionarse y de emitir cualquier tipo de sonido.
Ahí fue cuando pensé a este ya se lo cargo la huesuda, entrego el equipo, se le hundió su titanic, se mato el hambre solo.
Mientras el yacía inmóvil junto a nosotros, vimos como el chico apretaba en su mano izquierda un billete de cien dólares.
Inesperadamente para nuestra alegría y sorpresa, el chico abrió un ojo y sonriendo nos dijo:
-…je, je, Es que se me acabo la nafta. Che, ya se fueron los chabones?
Ahí nomás Alejo y yo no miramos a la cara y sin dudarlo le arrebatamos el billete al mocoso insolente y le dimos cuatro brutas patadas en el culo. Que lo hicieron salir huyendo del la estación de servicio. Después nos dirigimos hasta La Mole y Hulk y les preguntamos:
-“Y… A donde vamos muchachos? !nosotros invitamos!”
A raíz de esta historia y tras largas jornadas de análisis y reflexión he llegado a la conclusión de que esta historia tiene moraleja. Y bien podria ser alguna de estas;
· Nunca digas de esta Nafta no beberé.
· Nunca menosprecies el hambre o la codicia.
· Nunca te confíes de las intenciones, de alguien vestido con un Armani Negro de tres botones y con solapa chica.
· Si bebes Gasolina asegúrate que sea de alto octanaje.
· Recuerda que: No habiendo enemigos enfrente tuyo, hasta el cobarde resulta valiente.
· Vaso por Vaso, Billete por billete.Escrito en Buenos Aires en el 2000 x Nitram